El territorio actual de la República, cuyo perfil es de singular trazado, es el resultado de un largo proceso de modificaciones a través del devenir histórico. En este acápite se pretende mostrar, de manera esquemática y didáctica, los diversos hechos que progresivamente configuraron los actuales linderos de la heredad nacional. En aras de la claridad de exposición, se omiten apreciaciones cuantitativas sobre áreas territoriales, así como calificaciones o juicios de valor sobre las circunstancias que dieron lugar a las modificaciones de tales áreas.
Las evidencias arqueológicas halladas recientemente en el valle de Supe hacen manifiesta la existencia del asentamiento urbano más antiguo de América: Caral. Esta fue una ciudad-estado que se desarrolló entre los años 3000 a 2500 a. C.
En el dilatado periodo anterior a los incas, el territorio de lo que posteriormente sería el Perú fue escenario de la presencia de diversas culturas que, en la misma época o en momentos sucesivos, florecieron con mayor o menor grado de desarrollo en diferentes parajes. Estas culturas constituyeron presencias locales o regionales que ocuparon espacios vitales circunscritos a sus requerimientos más inmediatos. Cronológicamente, son clasificadas en los siguientes periodos:
El primer inca, Manco Cápac, cuyo origen está asociado a una leyenda, se habría establecido con su esposa Mama Ocllo en el territorio del actual Cusco aproximadamente a inicios del siglo XII. Inició entonces un lento proceso de captación y adoctrinamiento de las poblaciones aledañas en un proyecto político ideológico que habría de dar lugar, muchos años después, al Tahuantinsuyo.
Sinchi Roca, hijo de Manco Cápac, continuaría fortaleciendo la identificación de las etnias cercanas al Cusco con el naciente proyecto incaico. Los gobiernos de los dos primeros incas pertenecen al denominado periodo del mítico Curacazgo.
El tercer inca, Lloque Yupanqui, inicia el periodo llamado de Confederación al aliarse con los ayarmacas, ayarcaches y maras. Consolida los territorios ganados, pero en un contexto de expansión limitada.
El cuarto inca, Mayta Cápac, dentro del mismo periodo de Confederación –que abarca hasta el octavo Inca–, sometió a la tribu de los alcahuisas y amplió el ámbito geográfico de control incaico. Su sucesor, Cápac Yupanqui, orienta su plan de conquista hacia el Suroeste.
Durante el gobierno del siguiente líder, Inca Roca, se produjo el infructuoso ataque de los chancas –de la región de Apurímac– sobre el Cusco. Inca Roca fue sucedido por su hijo Yahuar Huaca, de gestión tan intrascendente como la de su sucesor, Wiracocha.
En el gobierno de Wiracocha, los chancas pretendieron nuevamente apoderarse del Cusco, pero fueron derrotados fundamentalmente por la esforzada defensa de Cusi Yupanqui, quien tomaría el poder como noveno inca y adoptaría el nombre de Pachacuti Inca Yupanqui.
Pachacuti fue un inca notabilísimo. Él inicia un periodo de rápida expansión territorial y eficiente dirección administrativa y política de los territorios bajo su poder. Con Pachacuti, el imperio de los incas, o Tahuantinsuyo, se configura por primera vez como un verdadero proyecto geopolítico. Al vencer a los chancas, amplía sus horizontes hacia Apurímac. Asimismo, se vuelve hacia el sur, hacia a la meseta del Collao, que terminaría incorporada a los dominios incaicos tras esfuerzos bélicos.
Incansable, Pachacuti derrota a los huancas, toma posesión de la Sierra central y también del reino de Pachacámac, en la Costa central. Se dirige luego por la Sierra hacia Chachapoyas y Cajamarca; y llega hasta el sur del actual Ecuador. Previamente, había sometido al reino del Gran Chimú.
A la muerte de Pachacuti asumió el poder Amaru Yupanqui, pero este renunció al trono poco después. Entonces, su hermano Túpac Inca Yupanqui, quien había acompañado a su padre Pachacuti a lo largo de muchas campañas, es elegido sucesor. Por el sur, Túpac Inca Yupanqui venció a los aguerridos araucanos e incorporó al dominio incaico parte del territorio del actual Chile, hasta el río Maule. Integró también parte de lo que hoy es el noroeste argentino.
Al fallecer Túpac Inca Yupanqui, hereda el trono su hijo Titu Cusi Huallpa, quien gobierna adoptando el nombre de Huayna Cápac. Corresponde a su gestión hacer frente a subversiones de diferentes pueblos que deseaban recuperar la libertad. Así, debeló levantamientos en el Collao, en Chachapoyas y en Quito. Aprovechando su estancia en esta última localidad, opera militarmente en la región de Pasto (Colombia), fijando el límite septentrional del Imperio en el río Ancasmayo.
Huayna Cápac fue el último gran inca. Debía ser sucedido por su hijo Ninan Coyuchi, pero este falleció poco después de la muerte del padre. El cargo correspondió entonces a Huáscar, acto que fue desconocido por Atahualpa, otro hijo de Huayna Cápac. Así comenzó una guerra civil entre los hermanos, en cuyo contexto tienen lugar los primeros avances de la incursión española.
Consolidada la conquista española, el Rey Carlos I, por Real Cédula del 20 de noviembre de 1542, crea el Virreinato del Perú, designando al año siguiente como primer Virrey a Blasco Núñez de Vela, quien ingresa a Lima en 1544.
La jurisdicción territorial del Virreinato, vigente durante los siglos XVI y XVII, abarcó toda la parte occidental y meridional de América del Sur, desde Panamá hasta la Tierra del Fuego, así como los territorios amazónicos hasta los límites del Imperio de Brasil (Portugal), hacia el Este. Eran parte del Virreinato de Perú las audiencias de Panamá, Santa Fe de Bogotá, Quito, Lima, Cusco, Charcas, Buenos Aires y Chile. En la segunda mitad del siglo XVI, durante el gobierno del virrey Francisco Toledo, se crearon la mayoría de los corregimientos.
En el siglo XVIII, la corona española reorganiza políticamente sus territorios coloniales en América del Sur, creando los Virreinatos de Nueva Granada y de Río de la Plata, desmembrándolos del Virreinato de Perú. El Virreinato de Nueva Granada comprendía las Audiencias de Panamá, Santa Fe de Bogotá y Quito. El Virreinato de Río de la Plata lo integraron las Audiencias de Buenos Aires y Charcas. Adicionalmente, se crearon las Capitanías Generales de Chile y Venezuela, con autonomía política y administrativa. De esta manera, el Virreinato del Perú redefinió su superficie territorial al separarse los ámbitos que correspondían a las Audiencias de Panamá, Santa Fe de Bogotá, Quito, Buenos Aires y Charcas, así como el asignado a la Capitanía General de Chile.
En 1810, once años antes de la independencia del Perú, el Virreinato comprendía ocho intendencias: Trujillo, Lima, Arequipa, Puno, Cusco, Huancavelica, Huamanga y Tarma, además de la Comandancia General de Maynas, que según Real Cédula del 15 de julio de 1802 se reintegra al Perú. Parte del Virreinato también era el Gobierno de Guayaquil según Real Cédula del 7 de julio de 1803. Conviene anotar que la provincia de Jaén, en el actual departamento de Cajamarca, perteneció a la Real Audiencia de Quito entre 1563 y 1567 y entre 1819 y 1821. La población de Jaén, por el principio de libre determinación de los pueblos, se pronunció por su pertenencia al Perú, decisión ratificada por el Gobierno.
En aplicación del principio del “uti possidetis jure”: reconocido por el Congreso de Lima de 1848 para resolver los conflictos de límites entre los paises de América del Sur, que establecía que cada estado independizado poseería el mismo territorio que le correspondía al final de la Colonia, el territorio peruano, al inicio de la vida republicana, estaba integrado por los territorios pertenecientes a las intendencias de Trujillo, Tarma, Lima, Huancavelica, Huamanga, Arequipa, Cusco y Puno, la Comandancia General de Maynas y el Gobierno de Guayaquil.
Con Bolívar, el Gobierno de Guayaquil pasó a formar parte de la Gran Colombia; y Jaén de Bracamoros, que era parte de la Audiencia de Quito, se incorporó al Perú por el principio jurídico de la libre determinación. Así, el Perú limitaba hacia el Norte y Noroeste con la Gran Colombia, hacia el Este con Brasil y hacia el Sur y Sureste con Bolivia.
En 1851, durante el gobierno de José Rufino Echenique, el Perú y Brasil suscribieron una Convención Fluvial sobre Comercio y Navegación. El Perú estuvo representado por el Ministro de Relaciones Exteriores, Bartolomé Herrera, y Brasil por su homólogo, Duarte da Ponte.
En dicho convenio se estableció que, conforme al principio de “uti possidetis”, la frontera entre el Perú y Brasil partía del pueblo de Tabatinga, hacia el Norte en línea recta, que va a encontrar de frente al río Yapurá o Caquetá en su confluencia con el Apaporis, y el de Tabatinga para el Sur el río Yavarí, desde su confluencia con el Amazonas. Esta convención concede al Perú la libre navegación en el río Amazonas y le reconoce la Comandancia General de Maynas, y al Brasil el triángulo territorial Yapurá-Amazonas-Yavarí.
Entre 1879 y 1883 tiene lugar la guerra de Chile contra el Perú y Bolivia, también conocida como la Guerra del Pacífico, conflicto que culmina con la derrota de la Alianza peruano-boliviana. El 20 de octubre de 1883 se firmó el Tratado de Ancón, mediante el cual la provincia de Tarapacá fue cedida a Chile a perpetuidad. Tacna y Arica fueron cedidas a Chile por un plazo de 10 años, que Chile no cumplió, pues ejerció posesión de ambas localidades hasta 1929. El Tratado de Ancón fue suscrito durante el gobierno de Miguel Iglesias por José Antonio de Lavalle por parte del Perú y Mariano Castro Zaldívar por Chile.
En 1929, durante el gobierno de Augusto B. Leguía, se firmó el tratado Rada-Figueroa, en virtud del cual Arica quedó en poder de Chile a perpetuidad y Tacna regresó al seno de la patria.
En 1909, en Río de Janeiro, el plenipotenciario peruano Hernán Velarde y el canciller brasileño José Maria Paranhos de Rio Branco firmaron el acuerdo conocido como Tratado Velarde-Rio Branco, que completaba hacia el Sur las delimitaciones territoriales del Perú y Brasil, iniciadas con la Convención Fluvial sobre Comercio y Navegación de 1851 (Herrera-Duarte da Ponte).
Como antecedentes de esta negociación diplomática están las líneas teóricas del Tratado de San Ildelfonso, en el que España y Portugal establecen una demarcación de sus posesiones selváticas; los alcances del Tratado Muñoz-Netto entre Brasil y Bolivia, en el cual ambos países modifican el trazo de la línea limítrofe del Perú y Brasil entre el Yavarí y el Beni; y el Tratado de Petrópolis de 1903 entre Bolivia y Brasil, entre otros. El Tratado Velarde-Rio Branco estableció los límites entre el Perú y Brasil de la siguiente manera:
El Tratado estableció una comisión mixta para la demarcación de las líneas fronterizas y ofreció normas para su funcionamiento. Ratificó, además, el principio de la más amplia libertad de tránsito terrestre y navegación fluvial para ambas naciones en todo el curso de los ríos que nacen o corren dentro o en los extremos de la región atravesada por dichas líneas.
En 1902, los plenipotenciarios Felipe de Osma, de Perú, y Eliodoro Villazón, de Bolivia, firmaron dos tratados, de demarcación y arbitraje, para resolver la cuestión de límites.
El 17 de setiembre de 1909, nueve días después del Tratado Velarde-Río Branco, Perú y Bolivia firmaron un tratado de demarcación territorial, suscrito por el plenipotenciario Solón Polo y el canciller Daniel Sánchez Bustamante. El diferendo limítrofe había sido sometido al laudo del Gobierno de Argentina, que inicialmente no fue acatado por Bolivia.
Este tratado establecía que la línea debía partir del lugar en el que las fronteras vigentes coincidían con el río Suches, cruzar el lago del mismo nombre y dirigirse por los cerros Palomani-Tranca, Palomani-Kunca, pico de Palomani y cordillera de Yaguayagua; desde ahí, enrumbar por las cordilleras de Huajra, de Lurini y de Ichocorpa, seguír la línea de división de aguas entre los ríos Lanza y Tambopata hasta los 14º de latitud Sur, y de allí avanzar hasta encontrar en el mismo paralelo del río Mosoj-Huaico o Lanza y continuar por él hasta su confluencia con el Tambopata.
Desde este punto, la frontera encontraba la cabecera occidental del río Heath y seguía por este, aguas abajo, hasta el río Amarumayu o Madre de Dios. Desde la confluencia del río Heath con el Madre de Dios, se debía trazar una línea geodésica que, partiendo de la boca del Heath, fuera al occidente de la barraca Illampu sobre el río Manuripe; dejando esta propiedad del lado del Bolivia, la frontera se dirigía a la confluencia del arroyo Yaverija con el río Acre. Quedaban de propiedad definitiva y perpetua de Bolivia todos los territorios situados al oriente de dichas líneas y de propiedad definitiva y perpetua del Perú los territorios al occidente de las mismas.
En 1941 se produce el conflicto bélico entre Perú y Ecuador. En 1942, ambos países firman un Protocolo de Paz, Amistad y Límites en la ciudad de Río de Janeiro (Brasil). En dicho acuerdo diplomático, Estados Unidos de América, Brasil, Argentina y Chile actuaron en calidad de países garantes. De acuerdo con el artículo octavo del protocolo, la línea de frontera tomaría como referencia los puntos que siguen:
En el Occidente:
En el Oriente:
El 26 de octubre de 1998, se firmó entre el Perú y Ecuador el Acta Presidencial de Brasilia, por la cual se da término en forma global y definitiva a las discrepancias entre las dos Repúblicas.